
¡LA ENCONTRÉ!
Era en un bosque: absorto
pensaba andaba
sin saber ni qué cosa
por él buscaba.
Vi una flor a la sombra,
luciente y bella,
cual dos ojos azules,
cual blanca estrella.
Voy a arrancarla, y dulce
diciendo la hallo:
«¿Para verme marchita
rompes mi tallo?»
Cavé en torno y toméla
con cepa y todo,
y en mi casa la puse
del mismo modo.
Allí volví a plantarla
quieta y solita,
y florece y no teme
verse marchita.
Johann Wolfgang von Goethe
Versión de Rafael Pombo
Oscuridad Cautiva
Después de la rutina y el día de hoy. Al llegar la noche [aquella] que terminaba en tiempo real con la lluvia espontánea, instantánea, se asomaba la imagen. Con semejanza irónica a una estatua en movimiento; con tres arterias y un almuerzo mal hecho; con sombras jugando con sombras y amarillos con amarillos.
Malo era el tiempo.
Ridículo el momento:
yo sin cámara y
tú sonriendo.
Se despejaba entonces la saturada escena. De escarlatas y añiles se tornaba lo que alguna vez fue perfil. Marfiles, empapaban las curvas y los rojos destacaron sobre los vértices. Y cuando todo fue Vórtices de luz… la ausencia dejaba ausencia.
Ya no llovía.
Tiempo después, buscaba reflejos, almacenaba recuerdos y maltrataba presentes.
Inamovible, estoico era el clima. Decidí secuestrar el tiempo y pedir rescate. El humo lastima retinas y suele despertar a los que están durmiendo mientras sueñan despiertos. Y así es como yo desperté. El puto cigarro me estaba quemando los dedos y el humo hacía que me chillaran las pupilas (las retinas tenían celos de no sentirse vivas). Y de todo esto me queda clara una cosa: tengo que estar preparado. La lluvia llega sin avisar y sin avisar cesa. Manteniendo después el ritmo hipnotizante del gota a gota en las superficies de concreto.
Cámara sin flash.
Lluvia incongruente.
Tiempo secuestrado.
Altivas mis manos.
Cigarro en cenicero.
Ausentes colores.
Esperar a la lluvia.
Contar con la noche.
Cuidar mi pared.
Risa difícil en oscuridad cautiva.
Escrito en un día lluvioso























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