Marfiles y amargos

octubre 25, 2008
"Me angustia muchísimo que ya nadie sabe los nombres de los árboles. Es un conocimiento que está por perderse si no hacemos algo. He hecho un esfuerzo consciente por conocer por nombre a la flora de la ciudad de México. Y obligo a mis pobres hijos a conocerla. Dylan, que tiene dos años, dice: “Mira, un ahuehuete” cuando pasamos junto a uno. Nada en el mundo me honra tanto."
                                                                                       
                                 Alvaro Enrigue 


Foto: Bibel Ortiz Diaz. New York



Marfiles y amargos

Acaloradas palabras. 
                 [Con acalorados brazos y acalorados labios.]

Furiosos discursos.
                 [Con furiosas lenguas y furiosas caderas.]

Tremúlas pupilas.
                 [Con tremúlos glúteos y tremúlos pechos.]

Almíbar con ácido lisérgico...
con ácidas piernas y dulces conciertos.

Salados minerales y alcoholes...
con alcohólicos recuerdos: veranos pétreos.

Subidas y declives...
dulces y amargos: tus besos y bacanales.

Sucias protestas. 
              [Con sucios susurros; sucios encuentros.]

Perverso alegato.
              [Perversas tus manos y perversa humedad.]

Frenética histeria.
              [Con frenético cuerpo tu frenético ombligo.]

Hojas secas ¡de otoño fusil!
Seca tu espalda de otoño marfil.

Diente de león, funesta sonata.
Funestas las fechas ¡Ay! ¡Que es noviembre!

Y se festeja con ansia: el cielo:
con lluvias de invierno y praderas de heno.

Escrito en Otoño
con insectos en el monitor.



Ícaro Alienado

octubre 22, 2008

"Fantasías del desvelo: el repatriado no es ni un aventurero, ni un fugitivo. Sigue siendo el muchacho fatalista que acepta lo que venga; en momentos de exaltación, la espera se hace ansia, y los sueños se hechan a volar, para luego volver al cluastro de las inhibiciones."

Agustín Yáñez
"La creación"




De repente te sientes caer. 

A la mitad de la nada, bajo los andamios y las partes que sobresalen del edificio: que pasan rápidamente, que se tornan en una imagen no-móvil, no-fija, irrepetible; mezcla de colores. No duraste mucho, y te confundiste, en la catarsis, con un Ícaro moderno: con traje de oficinista; de corbata y zapatos de charol. Por alas tomaste a tu vademécum y por plumas a las cientos de hojas de papel que de él salían disparadas.

Antes de tirarte por la borda; por la parte que separa al edificio del vació, sentiste la brisa arrastrada por el aire y que al pasar por los relieves de la cara se arremolina. El viento pasa por los orificios nasales: se arremolina. Pasa por los orificios auditivos y te deja sin poder escuchar nada, excepto, el ruido del mismo.

Los coches están estancados. 

Ya han pasado veinte minutos y seguirán pasando más. En ese lapso cambiaste de decisión y alteraste tu ruta; tú itinerario. Y es que te acuerdas de la última discusión; y es que te olvidas de la última reunión. Los coches ahora pasan alado del tuyo. En la próxima esquina decidiste girar: tenías que haber girado hasta el entronque con la cinco de mayo, pero ya has establecido el nuevo derrotero: el edificio de economía.

Te despertaste con ganas de quitarte la vida.  

Ese mismo día muchas cosas ya no eran iguales, algo en ellas había cambiado. Tú mismo has cambiado. Tú mismo ya no eres igual. Creíste que su metamorfosis radicaba en que ya no te importaban una mierda. Ese mismo día escupiste en la alfombra, después te reíste y rumoraste una cifra de cuatro ceros.

No hay conciencia con dotes para el suicidio. Abel se parece a Caín   -La mente tiende a hacer análisis exhaustivos, en orden cronológico, en orden categórico: en el momento en que se flota en la nada. Cuando por fin te sientes dueño de ti mismo. Cuando por fin se entiende el fin y al fin- pensaste.

Abel se parece a Caín y se gana el amor del padre.

Un grito producido y producente de dolor se disparó justo en el momento en que tu cráneo tocó el pavimento.


Y el Nobel fue para...

octubre 09, 2008
Jean-Marie Gustave Le Clézio.





La academia sueca se decidió por Le Clézio por ser un exponente "de la ruptura, la aventura poética y el éxtasis sensual".   "Es un explorador de la humanidad más allá y por debajo de la civilización reinante", fue otra de las frases escuchadas al anunciar el premio.   
Yo solo he leído un libro del francés Le Clézio, así que evitare la critica.

La nota completa aquí: Le Clézio ahora es Nobel

Nobel de Literatura

octubre 05, 2008

 "Recuerdo el asombro que para mí fue leer Al filo del agua, de Agustín Yáñez, a finales de los cuarenta, porque tomaba los temas tradicionales, el campo, la Iglesia, y los transformaba en una literatura totalmente moderna, novedosa."

Carlos Fuentes para Babelia



Con todo y las polémicas declaraciones del señor Horace Engdahl: Actualidad Literatura (para leer entre líneas)
Yo propongo y a la vez acuso al señor Horace (con mi primer postulado), (crónica de un Nobel anunciado), de adelantar a uno de los posibles ganadores al premio.

Tengo tres escritores en la mira. Son también tres de mis escritores de libros favoritos. Espero que uno de ellos sea el oportuno afortunado este, ya próximo, jueves 9.

  • Philip Roth
  • Carlos Fuentes
  • Tomas Transtromer
El orden de los factores si altera el producto.

¿Ustedes qué piensan?

Oscuridad Cautiva

octubre 03, 2008

¡LA ENCONTRÉ! 

Era en un bosque: absorto      
pensaba andaba 
sin saber ni qué cosa      
por él buscaba.   

Vi una flor a la sombra,      
luciente y bella, 
cual dos ojos azules,      
cual blanca estrella.   

Voy a arrancarla, y dulce      
diciendo la hallo: 
«¿Para verme marchita      
rompes mi tallo?»   

Cavé en torno y toméla      
con cepa y todo, 
y en mi casa la puse      
del mismo modo.    

Allí volví a plantarla      
quieta y solita, 
y florece y no teme      
verse marchita. 
  
Johann Wolfgang von Goethe

Versión de Rafael Pombo


Oscuridad Cautiva

Figuraba cuando llovió: tu sombra. Adherida a la pared; cautiva entre oscuridad y oscuridades. Rejuvenecida. No como antes. La nueva imagen: translucida casi superflua y flotante, se amanecía y recargaba la cabeza sobre el color y su ausencia.

Después de la rutina y el día de hoy. Al llegar la noche [aquella] que terminaba en tiempo real con la lluvia espontánea, instantánea, se asomaba la imagen. Con semejanza irónica a una estatua en movimiento; con tres arterias y un almuerzo mal hecho; con sombras jugando con sombras y amarillos con amarillos.

Malo era el tiempo.

Ridículo el momento:

yo sin cámara y
 
tú sonriendo.

Se despejaba entonces la saturada escena. De escarlatas y añiles se tornaba lo que alguna vez fue perfil. Marfiles, empapaban las curvas y los rojos destacaron sobre los vértices. Y cuando todo fue Vórtices de luz… la ausencia dejaba ausencia.

Ya no llovía.

Tiempo después, buscaba reflejos, almacenaba recuerdos y maltrataba presentes. 
Inamovible, estoico era el clima. Decidí secuestrar el tiempo y pedir rescate. El humo lastima retinas y suele despertar a los que están durmiendo mientras sueñan despiertos. Y así es como yo desperté. El puto cigarro me estaba quemando los dedos y el humo hacía que me chillaran las pupilas (las retinas tenían celos de no sentirse vivas). Y de todo esto me queda clara una cosa: tengo que estar preparado. La lluvia llega sin avisar y sin avisar cesa. Manteniendo después el ritmo hipnotizante del gota a gota en las superficies de concreto.

Cámara sin flash. 

Lluvia incongruente. 

Tiempo secuestrado. 

Altivas mis manos. 

Cigarro en cenicero. 

Ausentes colores. 

Esperar a la lluvia. 

Contar con la noche. 

Cuidar mi pared.

Risa difícil en oscuridad cautiva.

Escrito en un día lluvioso

Memoriālis

octubre 01, 2008

"Leyendo a Álbaro Enrigue me di cuenta de que uno de sus personajes centrales [Aristóteles Brumell], categorizaba sus correspondencias entre ánimos y bebidas basado en las consideraciones de Hoffmann. Las combinaciones son infinitas (como los estados de ánimo) inclusive si solo se combinan con dos bebidas: la cerveza y el licor."

Acerca de: "La muerte de un instalador"


Memorialis

Existen esas tardes que tienen ciertos aspectos de infructuosidad. Las tardes inanes en las que se piensa (se cree, al menos) que se han hecho infinidad de cosas; más sin embargo no se ha hecho nada. Existen altercados espirituales y letras mayúsculas en las ventanas de un Messenger desvencijado y desierto. Hay trafico de egos que se cobran caros ( aveces baratos en los Blogs), y que se quedan flotando inertes después, en la cebecera de un Journal de estilo afrancesado.

Se que te haces perder. Se que te haces esconder. Se que te obedeces, que te haces caso y que procuras no llamar la atención. Es inevitable, en tiempos, que me proyecte en tu persona. Es inevitable en tiempos que escriba de ti algunas líneas (entre parrafos) y que después me pierda en disertaciones de un sueño existencialista. Me gustaría convertirme (otro sábado parecido a este) en un coleóptero existencial. Me gustaría que tú vinieras a limpiar mi habitación y a quitarme la manzana de la espalda que tanto duele en el centro de la misma.

Existen tardes contagiadas. El virus eremita se expande y se inocula en las fibras humanas. Los cafés y los bares están llenos de contagiados. Todos son y están contagiados, me gusta y gusto de convivir en ratos con ellos. [El misógino escritor al extremo, haciendo cálculos zoroastristas y tratando de extirpar aforismos Nietzscherianos de su libro de bolsillo: "La gaya ciencia"] El humor de los borrachos; su humor negro. ¡No es de nadie! Es de ellos.

Con mi libro de bolsillo: "La creación" de Agustín Yáñez, sigo la ruta del divagar por la diva que impulsa. Como el aire impulsa los veleros; así se mueve la linea del pensamiento. No hay dirección ni idea. El impulso es sin sentido, por qué el rumbo del divagar no tiene pulmones y el aire, entonces, se torna en un motor anarquista. Propulsor de anacoretas ebrios. Anacoretas que les da por escribir (entre parrafos) una solicitud a la filantropia, por medio de este memorialis digital y a la mitad de una oda a la aburrida soledad.



Que nuestras vidas se vuelvan una de Kubrick.
Que desayunemos a la una de la tarde;
con los ojos rojos por gastarnos la madrugada;
con los pies adoloridos por gastarnos las aceras.