
Hg'u'o ya había escuchado antes de las sorprendentes aventuras de Jack Repente, un hombre -había leído- por todos los temerarios conocido.
Nadie eran tan bravo y heroico como Repente lo era, Jack Repente, era conocido por los héroes de el mar; por los villanos de la tierra y por los dramáticos del aire.
-¡Repente!- resoplo un niño revestido de escolar con tres tenientes verduras metidas en un cubo acartonado que cargaba con su mano izquierda, la siniestra, la más mala de todas las manos.
Hg'u'o estaba leyendo el último número: ¡Repente el Jack! Enseguida con letras más pequeñas:
¡Cuando el mundo esta ensombrecido por los crepitantes cuerpos de la inmundicia!
-Entre nubes:
¡Cerdos marxistas! ¡Nihilistas, como el nihilista que escribe! ¡Soporíferos! ¡Muerteros!
¡Cuando el mundo ya no crea tener otra salida…
Ahí estará ¡Jack Repente!! -decía en letras de titulo y apariencia legendaria-.
El último número tenía ilustraciones selváticas, egipcias, montañosas, peninsulares, andinas, agnósticas y meridionales -le comenta un vendedor a Hg’u’o.-
A Jack Repente, siempre se le veía dibujado como hombre errante… y sin errar, por que recorrió un largometraje bárbaro.-escuchó hace años en la radio local.-
En el último libro, Repente, se enfrenta con su mayor enemiga: La Androide de pensamiento eremita egocéntrico, no tarda mucho Repente, en cruzarle los cables y orinarle el torso, con final feliz terminó.
Dentro de todos los números, Hg'u'o se acordaba de uno en especial, uno que le retorcía los vellitos del brazo:
El Capitán Jack'lo pensé muchó, disparaba sus cañones a las naves de Jack Repente, que sin otra alternativa, casi desarmado y con pólvora mojada, optó por ir a toda vela, tenía que avanzar y aminorar el daño hasta llegar a alguna costa en donde un encuentro; una matanza en tierra firme, pudiera nombrar al ganador. Y como pronosticó la suerte de Repente, las dos naves quedaron varadas en una isla después de veinte años de guerrear en el mar. La nave - se acordaba, Hg'u'o- del capitán Jack'lo estaba intacta. Los hombres bajaron a pelear a tierra y Repente preparaba su victoria y el titulo de un barco tan intacto como el de Jack'lo. Repente se daba cuenta de todas las bajas, nunca antes había tenido tantas bajas en sus hordas, desde donde estaba, se les podía ver morir. La isla estaba infestada de tigres y de insectos, los tigres asesinaron un gran número de soldados y pronto no quedo nadie. El último hombre, (más fuerte incluso que el mismo Jack) de los hombres de Repente, murió a lado de él cuando los tigres les rodearon: felinos colmillos largos. Sin nadie más que él mismo y con lo que él traía consigo mismo se enfrentaba a cien tigres, los mataba con el enorme cuchillo que cargaba dentro de una de sus botas, uno por uno estaban cayendo muertos, pero pronto para Jack, esto se volvió cliché. Jack se encontraba ante la clara disyuntiva de seguir con el cliché (matar para vivir aunque vivir para matar no tenga sentido) o someter a su cerebro a conjeturar una solución infinitamente inmejorable a nos ser alimento de gato. La cara de Jack se tornaba áspera. Había tomado la segunda opción y conforme le crecía un poblado bigote en una estéril boca, ideó una salida: tomó el cuchillo, se cortó una pierna, se las mostró a los animales y la arrojó al aire lo más lejos que pudo. Los animales siguieron el rastro hemoglobinico por entre las rocas salientes y por entre la arena hasta verse ya muy lejos.























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