Esto es un yelmo y no una bacía; sin babera.

mayo 15, 2009





Entendí que sin tiempo no hay movimiento (ocupación de lugares distintos en momentos distintos); no entendí que tampoco puede haber inmovilidad (ocupación de un mismo lugar en momentos distintos)

Borges



Me ha confesado no entenderse con la poesía de Borges. Le he dicho, estupidamente, corrigiendo -No ENTIENDES su poesía. Para entenderla tienes que haber leído a Borges.- Continué la lectura de Joyce en voz baja, después callé. -No me entiendo con su poesía- dijo, poniendo suficiente énfasis en la palabra, demostrando que ni se justificaba, ni se equivocaba. -Además, siempre que leo a Borges es siempre por vez primera. Las relecturas no existen. Siempre que se lee, se hace por vez primera...- También, justo aquí, como yo hice antes, ella enmudeció.
Trataba de entenderse y hacía un gran esfuerzo. Lo sabía yo; lo notaba en su cara: totalmente privada de cualquier gesto (sin arrugas, líneas, hoyuelos, pómulos sobresalientes, dientes, labios entre-mordidos) que sirviese a deducir un estado emocional: Una cara hierática, inmarcesible, maniqueista.
La textura, y las ondas de arena del desierto invitan a la poesía: una traducción del paisaje al idioma de las comparaciones sensibleras exageradas. [Stevens, por ejemplo, situó la isla del tesoro en una cartografía infantil (Alfonso Reyes: Visión de Anáhuac)]
Ella había aprendido a hacer lo contrario al desierto cuando leía poesía. Cosa que yo amaba sobremanera en ella. -Con una lectura deberíamos lograr entender lo que el mismo autor quiere que recordemos, por qué ese es el fin, creo yo: entender para después recordar. Nunca para aprender o memorizar. Nada de Borges nos puede servir en la cotidianidad. Todo en Borges es obsoleto en lo cotidiano. Su poesía esta construida sobre el vehiculo que fue, para él mismo, un idioma arbitrario. Toda palabra es una metáfora muerta.- Dijo ella, mientras tallaba el talón contra el alfombrado. Le recordé de Borges, otra cita: -Cada palabra es una obra poética.- Le explique también que de un tiempo para acá se me dificultaba escribir poesía (si es que acaso, alguna vez, logre escribir poemas) -La poesía se entiende por eso: sus poemas. Del poeta muchas veces no se entiende nada y se recuerdan infinidad de cosas.- Dije yo, sin pensar antes lo que ya terminaba de decir. También, justo aquí, como yo acababa de hacer, ella habló.
Cuando la discusión arremedaba al bastón y asemejaba también los brazos extendidos con los que un ciego pretende tentar al despejado, le dije: -La poesía de Borges es como esa expresión facial que pones cuando te sumerges y te pones terca, y procuras no gritar, y juegas a guerra de citas: tuerces los ojos cuando volteo. Te quitas el zapato izquierdo y tallas el talón en la alfombra. Buscas almohadas cómodas para recargarte en ellas por que te pones tensa, cuando procuras no parecer tensa, cuando te estiras y bostezas, cuando, sin darte cuenta, tomas más cerveza de la cuenta y al final me dejas a mí la cuenta. Cuando haces lo posible por ocultar tu impulso de besarme justo cuando termino de hablar. Cuando sacas tus manos una y otra vez del bolsillo con los dedos llenos de pelusilla azul; de mezclilla recién lavada. Cuando buscas lo que no cargas; lo que no echaste al bolso en la mañana. Cuando para empezar el ritual sacas el yesquero por que te parece una sin-razón el cigarrillo apagado.
Incluso me atrevería a asegurar que una parte que recuerdas, (y no aprendes de Borges) se manifiesta en la atención que le pones a los ojos de las tres dependientas de la nevaría, que ven como atrapadas en ensueño a las niñas embadurnadas de uniforme: tan jóvenes, tan ignorantes del amor... y las dependientas con tantas ganas de volverse un poco más brutas; más burras, al filo del peldaño; sentadas, con las aspiraciones de cabeza: el ignorar lo ya aprendido y lo ya, tan invalorable.
Recordaste a Borges y lo sé por tu cara tan contraria al desierto, y sin embargo: ni florida, ni salvaje, ni fecunda, ni agreste, ni explorada, ni abundante, que pusiste cuando te diste cuenta que nunca habías presenciado la venta de un coche y te quedaste un día entero y la mitad de su tarde frente a una concesionaria y no paso nada.
La vez que notaste que algunas expresiones no son de uso común para todos los mortales y que ni tú, ni yo sabíamos que hacer con la integral de matemáticas.

--Un cigarro no tiene razón de ser mientras este apagado: ni ayuda, ni mata, ni fortalece, ni sabe, ni huele, ni avienta humo.-- Dijiste, mientras sacabas la cajita de "Clásicos de lujo: cerillos" de tu bolso.


La poesía es eso en ti que amo, lo que eso mismo produce…
--Los gestos que le recuerdas al desierto y que te recuerdas siempre al revés.--


1 glossas:

cleopatra dijo...

Ella es poesía, tanto como el túnel de luz amarilla lo era para Borges.

Creo que nadie puede pasar por sus letras sin encallar, sin convertirnos en sus sueños.

"Lo único que no existe, es el olvido", escribió alguna vez.

(y vamos recordando lo que hoy mismo somos: La arena en los ojos de un ciego)

Excelente. Un abrazo