Lo que se escribe antes de la gran depresión.

noviembre 04, 2009
Cuanto más grande es la vida cuanto más pequeña es nuestra muerte. ¿Porqué me embrujan tus ojos? ¿Por que reducen la muerte que asemeja una puerta abierta achicándose y alejándose y haciéndose irremediablemente más inalcanzable, más ilusoria? ¿Por qué tu risa me produce nervios y tembladero de manos?
En veces soy como un reguilete, un aspavientos, un molino hidalguense a escala pero ya no un villano estoico, más bien un moderador andante de felicidad, un regulador de momentos saludables que recibiendo a rafagas vendavales de buenos tiempos los regula a cuidado de no desmoronarse a pedazos.
¿Por qué me embrujas y reiteras, al mismo tiempo, tu mal-afecto hacia mi persona y me cantas canciones y me encantas canciones con tus muchas ganas de y tus pocas ganas de? Lo asidero son solo unas notas volátiles y una letra aventajada de mi no presencia, eso que conlleva a mis gracias infinitas y a mi risa más modesta y menos hostil.
Mi única adversidad es la escritura; en otras palabras mi avasallamiento en mi mismo y en un mueble de oficina condenado al más receloso ostracismo. Otra cosa sería mi repetición cansable del Hamlet de Olivier en el DVD y mi enajenamiento al recelo por mi desviación Borgiana de auto-compadecerme a mi mismo.
Debo decir que escribo mejor de lo que me expreso. Verdad asimilada por mi persona y por la dueña de un blog que erotiza el ambiente y desmantela la afirmación escritural de que la poesía erotiza el lenguaje. Su poesía son veredas de espaldas y jardines de cabelleras colgantes y puentes aromáticos.
Algo que ha de cruzar la puerta no siempre debe de estar del otro lado. Con esta idea concibo más de una entrada. Lo increíble es que uno no tiene infinitud para cruzar la infinitud de puertas sin dejar de encontrarse en lugar ninguno.
Sostengo que la tristeza es ajena.No es nuestra. Es transferible; pero nunca intercambiable. No se puede ex-propiar y de ninguna manera se logra hacerla nuestra. Es algo alienígena y alienante.
La melancolía es de la misma natura. El odio es nuestro, propio, transferible y en suma natural, un liquido sublimable que deviene en pasión, amor, furor, templanza, armonía, venganza, atemperanza, candidez, exasperación, euforia. Es un liquido vital. Terrestre.
También sostengo que el mejor utensilio para valuar el tiempo es el hambre, la cual se tiene conforme pasa el tiempo y cambia en grado y en numero también, conforme transcurre el tiempo, y no hay nadie sin hambre. Nos dariamos cuenta de la diferencia horaria entre África y supongamos, America del norte.
Hamlet, Hamlet, Hammlet. To be or not to be. La pasión por los aforismos no es otra cosa que buscar el distanciamiento de uno mismo y aquello que lo provoca. Un aforismo es buscar culpables.
Jazmin.

Magnifier

octubre 19, 2009


El brazalete

Veloz y límpido, el Jumna corría por el valle precipitándose entre sus orillas escarpadas.
En torno se agrupaban las boscosas colinas surcadas por las torrenteras.
Govinda, el gran predicador, estaba sentado sobre una roca y leía las escrituras, cuando
Raghunath, su discípulo, orgulloso de sus riquezas, se inclinó ante él diciendo: "Te traigo mi humilde presente, indigno de ser aceptado."
Y depositó a los pies del santo un par de brazaletes de oro ornados con piedras de mucho
precio.
El maestro tomó uno, lo hizo voltear en torno a su dedo y los diamantes despidieron su
resplandor insigne.
De pronto el brazalete, deslizándose de su mano rodó por la pendiente orilla y fue a caer
al río.
"¡Ay!", exclamó Raghunath, y se lanzó a la corriente.
El maestro continuó su lectura, y el agua, escondiendo el tesoro arrebatado, siguió su curso.
Caía la tarde cuando Raghunath regresó cansado y aterido.
Casi sin aliento dijo al santo: -"Podría encontrarlo con que me dijeras tan sólo el sitio en
donde cayó."
Entonces el maestro alzando el otro brazalete, lo arrojó al río diciendo: "Está allí".


Rabindranath Tagore











A extraña catadura nunca nadie me ha amado con totalidad interanĕa más que solo en un sueño: era una mujer muy guapa, alta y estaba muerta... muerta, tal vez, por que nadie totalmente sano pondría sus ojos en mi.

L'esprit de l'escalier.

octubre 16, 2009

En este ensayo, Borges señala una característica sobrecogedora de algunas narrativas: el plano de la realidad y el de la ficción se confunden, así como lo objetivo y lo subjetivo, el mundo del lector y el mundo del libro. Ejemplos: Los protagonistas del Quijote son, asimismo, lectores del Quijote; el barbero revisa la biblioteca del Quijote y encuentra La Galatea de Cervantes; Hamlet es espectador de Hamlet. Se trata del mapa dentro del mapa o la literatura dentro de la literatura, donde se genera un espacio laberíntico, irradiante, espejeante.

“Si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores y espectadores, podemos ser ficticios.”, concluye Borges. (Borges.1996:47-II).

Fuente: Ojo Travieso: Apuntes sobre algunos ensayos de Borges.








Sin tantas ganas de creer que esta carta pueda llegar a su destino -que no sería otro que un par de ojos que tienden a extraviar cualquier cosa que tenga por destino a ellos mismos. Como le paso a mi mirada que hacía stop en tus pupilas e inmediatamente languidecía e inmediatamente se extraviaba en algún punto grisáceo del gris pavimento- debo decir que el día de hoy; volviéndote a recordar; casi siempre y con las mismas ganas de ayer, sentí el estupido arrebato de escribirla, y elucubrar en mi estupido razonamiento la viva y fiel imagen de tu persona leyéndola lenta y nostálgicamente, como quien lee las hojas enmohecidas de un viejo diario… y justo, creo, así es como escribo esto: humedeciendo el índice para pasar hoja por hoja y entre recuerdos.
L'esprit de l'escalier.

Querida y no olvidada, exiliada o alejada A, de los espejismos quebradismos. Debo decir que días han pasado en que realmente no te me apareces por los rincones del pensamiento, sin embargo, días han pasado también en que los días en que no te pienso se las arreglan para ponerse al corriente anexándose en esos días ocupados que me ponen como bipolar: hoy es uno de esos días y se me hace insoportable, soporífera esta tarde en que, sin poder dormir o soportar, te escribo (como catarsis) este largo posdata que como muchos de mis textos, no hace otra cosa más que constatar distintos puntos a los cuales los abnegados no les han querido encontrar pies. Últimamente he estado leyendo mucho a Wilde, y digo esto por que sin lugar a dudas tú te encuentras en varios de sus escritos de muchas maneras representada por la interminable critica de Oscar hacía el amor… su amor, claro esta, más terrestre, extraño y al mismo tiempo mal-visto amor. Adjetivaciones recurrentes en sus sustantivas obras. Y tú estas ahí pero no por ti misma, sino por la psique de mi persona que aunque no comprenda ciertos maniqueísmos sociales; que no pueda expresar ciertas proposiciones altruistas o en menor grado, amables, tiende siempre a idealizar un amor espontáneo muy diferente al de Platon y casi parecido en algunas maneras con el big-bang.
Ahora me encuentro muy bien, estoy por algún lado feliz, por algún otro, contento. Mis preocupaciones son pocas y no tan preocupantes, recordarás que estudiaba el bachiller: te digo que llegue hasta octavo grado de ingeniería pero al final termine por abandonarla… no es que no fuera lo que buscaba, era más bien, lo que no quería encontrar.
De salud me encuentro igual, bien. No es la salud que desearía, ni mucho menos la mejor, pero es la que necesito. Algo que he aprendido con el tiempo, entre otras muchas cosas, es que uno nunca esta al tope con lo que necesita, sea por eso este recorte presupuestal en el estilado de la narración c-artista.
He dejado varias cosas; algunos vicios y empachos y mantengo solo lo que no ha querido deshacerse de mí. Dentro de esas necedades: -cosas intangibles y solo representables en las tablas del sueño o del recuerdo- estas sentada frente a un escritorio, y de manera casi divinamente ornamentada, el sol que solía de manera molesta entrar por las ventanas a esa hora y por esas fechas, decidió brillar como en otoño lo hace, creo, que solo, para que te recordara rodeada de ese halo divino; ornamental.
Lo nuevo son algunos miedos, casi todos intelectuales y también algunas fobias. He desarrollado un terrible repudio a la luz y una desazón a las cajuelas, elevadores y altares. Me dicen que es claustrofobia, pero los altares sin lugar a dudas marcan un síntoma claramente diferencial. De nuevo también tengo a los amigos, un gato, y algunas mujeres que he conocido, tal vez, por medianía de dioses o diablos o extraterrestres, que han visto algo en mí menos mi catadura medianía.
Si hay que decirlo todo, en el próximo mes de agosto estaría entrando a la universidad: movimiento de ajedrez que provocará seguramente cambios en lo que otros especulan que es mi vida. Tendré que mudarme: en el puerto no existe, ni tiene razón para existir lo que iré a estudiar a Puebla. Antes de que me de agosto tengo que estar ya recogiendo mis libros de estudio. Escogí Lingüística y literatura latinoamericana. Notarás que me hace falta el cursar algunas de las materias que cursaré de manera, espero yo, despierto y con ganas. He soñado que un catedrático me preguntaba qué a qué había entrado yo a la carrera y le contestaba que solo estaba de busca, que necesitaba un lugar cómodo para leer y al mismo tiempo uno incomodo para escribir.
Me sospecho ya una división: un antes y un después… espero sea mi mitad buena y que lo demás solo sean mis diarreas y borracheras de cementerio.
Hace poco un amigo te nombro con cierto asombro, lo cual me causo cierto asombro; era como una prueba de que has estado en presente, desde hace ya un buen tiempo en una que otra platica.
Por ahora esto es mi corriente y parte de él es ignorar completamente el tuyo lo cual me pone bipolar y un tanto molesto, estado digno de un análisis o de una comparación mitológica.
Me comprometo a escribirte otra carta. Una mejor escrita; mejor redactada y ya no desde mi residencia actual, cosa que ayuda mucho a la tarea escritural de esta tecnica poco inventativa y mucho de locacional… esperando verdaderamente estar en el ponto mismo donde te extrañe cantidad.
Exiliada A, por ultimo me dejo algo que no supe como incluir a la mitad del texto y que pensaba colocarlo como posdata. Siendo esto ya una larga y moribunda posdata, lo dejo como clausura –sin sus sugerentes litúrgicos-.
Algo que hasta la fecha ignoras, es por supuesto, eso que solo yo sé y que nos remite a los dos. Y así es. No tienes forma de enterarte. -Lo que transforma a todos, incluso al erudito, en tremendos ignorantes de aquello que no esta en nuestro poder llegar a conocer.- Sin embargo, debo decir que un acto de valentía trae, consecuentemente, un acto de estupida cobardía, pero nunca el arrepentimiento es consecuente de nada. Y solo tú puedes… L'esprit de l'escalier.


Somniāre

octubre 10, 2009
Toda aparición de la conciencia reflexiva en el sueño corresponde a un despertar momentáneo, aunque a menudo el peso de la conciencia que soñé sea tal que destruye inmediatamente la conciencia reflexiva, como en las pesadillas donde el durmiente piensa desesperadamente " sueño ", sin llegar a despertarse, porque su conciencia reflexiva desaparece inmediatamente cuando su sueño lo posee ".

Sartre (La imaginación, 207).

"el sueño es el fenómeno que solo observamos durante su ausencia"

(Valéry, Tal cual II, 258).

"sin excepción, el soñador cree a la objetividad de sus sueños por el simple hecho que no tiene ninguna razón de no creer lo en ausencia de toda posibilidad de comparación con la vida velada de la que ignora la existencia en su sueño"

(Delage, el sueño, p..668).

"El sueño no se ocupa nunca de sencillezes, no dejamos perturbar el sueño por tan poco. Los sueños inocentes aparentemente están llenos de "malicia" cuando se los interpreta. Tienen, si se puede decir, cantidad de ideas insinuadas."

(S. Freud, la Ciencia de los sueños, 168 sq.)

"Debemos considerar que el sueño es realmente premonitorio y que fuerzas ocultas presiden a la eclosión de sentimientos o sensaciones que perturban al soñador en inminencia de enfermedad? No lo pensamos, y se puede proporcionar de estos supuestos sueños premonitorios una explicación más simple y más satisfactoria. En el sueño, algunos de nuestros sentidos toman una agudeza mayor que en estado de vigilia, de manera que una irritación mórbida inhibida durante el día, puede ser en el sueño, mucho más vivamente experimentada"

(en J. Lhermitte, los Sueños, 41)".

El sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

Jorge Luis Borges.




Somniāre

Era como un almacén de sueños, ella, la de la fantasiosa realidad. Probablemente la probabilidad de que ocurriesen era, problemáticamente, posible: una verdadera y fatal representación onírica reprobable, un listado de números rojos que tendrían lugar, en veces fechas, detalles. Intersticios en la tela del sueño que funcionaban como meros adelantos de la realidad, una realidad que ya perdía uno de sus más notables encantos: la cualidad de ser impredecible.
Así es como soñaba, ella, la que renunciaba al azar; que guardaría en compartimentos mnemónicos fibras enteras; fragmentos de ensoñaciones de adivinanza… Como acostumbraba hacer con cantidad de cosas que le remitían a ella misma.
No parecida a nada era ella, más bien unida por semejanzas a ciertas cosas que pasaban muy temprano, casi amaneciendo, en la ciudad. Parecida, tal vez, a un vendedor de diarios bajo un precario y precipitado techado; protegiéndose de la lluvia; casi siempre bajo la lluvia y siempre muy temprano. Igualmente parecida a un tarot que se cree premonitorio o a un matemático jugando a la lotería… todas estas cosas que pasaban, sin saberlo, demasiado temprano. Habría que decir que por pura fechoría acostumbraba dormir tarde pero comenzaba a soñar, irónicamente, siempre unas horas antes de dormir –por pura fechoría y nada más-.
Se sabía mística o clarividente, ella, la que ignoraba lo escrito de los sueños: las reglas; los ensayos, las super-realidades, pero que, sin embargo, les difería una importancia que iba más allá de un tratado freudiano o un seminario lacaniano o un cuento borgiano. Era fácil llegar a suponerlo, tan solo bastaban un par de horas y la anti-seriedad necesaria del que presta oídos dispuestos a escuchar acerca de signos y precogniciones; de amuletos y maldiciones; de positivistas muertas –las que aun ofrecían los buenos días-, de desiertos, de accidentes, de mares cercados, de pueblos tributo, de infancias reflejadas en retrovisores: donde siempre parecían más cercanas.
Así es como ejercía de mística, ella, la imposibilitada a entender cuestiones fundamentales del sueño para un grupo de eternos despiertos.
Para ella que acostumbraba soñar a menudo (costumbre olvidada por muchos desde la invención de costumbres que ya no permiten viajar con velas) el sueño era una vida desordenada, una propuesta de Espinoza para un libro, una opera reproduciéndose aleatoriamente, un camino esforzándose por hacerse recorrer la mayor de sus distancias por el paseante; una cadena, un resplandor en el agreste cielo que pone de manifiesto el inminente estruendo. De esa naturaleza es que estaban diseñados para soñarse, había normas y nimiedades; una letra pequeñita y una firma que no cumplía su acometido, al menos para ella -la de los sueños eléctricos-, de autentificar al que remite… siquiera la de proponer anónimos, sinónimos o antónimos…
Al menos, para ella, la causalidad era el misterio total que padecía una vez despierta y que mitigaba todas las veces una vez dormida. Y ella, inalterablemente; contradiciendo lo conjugado antes, esta en presente, aun, todavía, inalterable. Es un almacén de sueños problemáticamente probables y una, al mismo tiempo, prueba irrefutable del error de la noticia.


Un sueño que dejaba de ser sueño para devenir clarividente,

un clarividente que dejaba de ser almacén para devenir garaje

o sótano o cuarto oscuro o trasfondo.

Unas líneas que empezaron siendo líneas para terminar idea.

Una idea que se torno cuento o poema o delirio o anzuelos.

Un sueño contado que funcionaba a varios niveles:

mistificaba el dormir,

propiciaba la ignición del sueño,

erradicaba ojeras, desvanecía la cafeína en sangre,

acomodaba almohadas, suplantaba imposibles,

extendía el tiempo, aminoraba rebaños,

apuraba las horas, soñaba mañanas, pasado mañanas.

Una transición del lenguaje al poema…


Una taza vacía y unas seis de la mañana.

Una pagina que debiera ser redactada:

“Los secretos del aroma cítrico de las hojas de limón.”

Una lluvia que no molestaba y molestaba de otra forma.

El afán por adivinar los sueños que adivinan;

y las facciones

e intenciones.

Adivinar la música y el color anterior, ulterior de las paredes;

y las vitrinas

e invocaciones.


Un lento y crecido crepúsculo en la taza de café…

Cuando, vecino de las notas, se escuchaba un Ensordecedor,

atisbar sin mas ni mas; ni menos, en la

pata derecha de un banquito repintado,

el cuchicheo de bandidos que de

famélico, ensordecía las maderas y los oídos,

de un incierto golpe de suerte.


Anticipé, en un cigarro humedecido

que no me interesaba ya más

disfrazar, con cítricos, el olor a tabaco quemado

que avíaseme impregnado:

como un mal sueño a un bordado,

en los dedos, en las yemas.

Y dejarlo por tiempo, casi totalmente: indefinido.



Y es que al parecer la mitad del día no solo se nos va en dormir.



Justificado o no, el material escritural fue el producto

de una charla-taneria madrugural al pie de un par de

tazas de café que oscilaban siempre entre terminarse

o volverse a llenar de manera casi fantasmal... hasta

que ineluctablemente el café escaseo de manera grave

terminando por terminarse.


Sacrum facere o cómo dejar de ser lo que se es.

agosto 08, 2009


El “otro flâneur” habita un espacio-tiempo que existe gracias a su creación, que surge de las observaciones metafísicas que ha hecho del entorno. Se ubica en las orillas en un acto totalmente voluntario, dicho espacio le pertenece ya que en él la memoria entra en contacto con la infinitud que añora. Este espacio es el que utiliza para enunciar su discurso.

Las Calles de Buenos Aires
ya son mi entraña.
No las ávidas calles,
Incomodas de turba y ajetreo,
sino las calles desganadas del barrio,
casi invisibles de habituales,
enternecidas de penumbra y ocaso
y aquellas más afuer
ajenas de árboles piadosos
donde austeras casitas apenas se aventuran,
abrumadas por inmortales distancias,
a perderse en la honda visión de cielo y llanura.

Borges


Aullaba en torno mío la calle. Alta, delgada,
de riguroso luto y dolor soberano,
una mujer pasó; con mano fastuosa
levantando el festón y el dobladillo al vuelo;
ágil y noble, con su estatura de estatua.
Yo bebía crispado como un loco en sus ojos,
Cielo lívido donde el huracán germina,
La dulzura que hechiza y el placer que da muerte.
¡Un relámpago!...¡Luego la noche!- Fugitiva
beldad cuya mirada renacer me hizo al punto,
¿sólo en la eternidad podré verte de nuevo?
¡En otro sitio, lejos, muy tarde, acaso nunca!
Pués no sé a dónde huyes, ni sabes dónde voy,
¡Tú, a quien yo hubiese amado! ¡Si, tú, que lo supiste!

Baudelaire




Sacrum facere


En la busca del yo ideal, tras sacrificar ciertos hábitos del "yo" que se aborrece, aborrecedores al espejo; sacrificables según lo nuestro entendido, se siente un gran vacío acompañado por el sentir perdido algo; un inmenso abismo, todo y cuanto creímos haberle encontrado estructura y patas queda pendiente y falso... como el humo que se precipita al cielo. Parecido es ese vacío al que se instala en el pecho de eruditos; el adjudicado a Pascal; el de después de los excitantes de Baudelaire, ese monstruo: truhán, que se presentaba como Hastío ante el poeta, pero más que nada simulado por el pasmo de contemplar el universo; su espacio, el tiempo que lo rodea y su eterno condenarnos al globo ignorante.

Esto no es otra cosa, algo más bien parecido a una frase-manual, que una imagen tachada en rojo, una imagen devenida en nota. Hay que advertir que su sola existencia esta sustentada y solo logra adquirir razón en la manera en que advierte, eso tiene de paralelo con las imágenes y con algunas señales de transito. Fui, por seguro, su creador y el culpable de su insistencia incomoda(el anticiparse), para fines varios, pensando en varios, pero siempre al principio en mi. El fin, mediante los ojos del creador, se sostiene en la buena voluntad y al mismo tiempo en una buena ironía, ya que siempre he pensado que la buena voluntad no se sostiene en nada, con nada; buenos cimientos tengo yo como creador para crear notas hermanas de anuncios publicitarios. Lo que pretendo dejar en claro es, resumiendo, el débil dolor que uno experimenta por abandonar (no quiero escribir: traicionar por miedo a la lingüística) la voluntad estupida, y el aterrador vacío que uno experimenta por idealizar la voluntad estupida. Y de paso, cosa rara, que la nota en si no quiere dejar en claro nada, ella no quiere nada: es el principio de los libros, al mismo tiempo, un enigma de creadores.


Dioses son ideal -segun yo de Nietzsche-
y en su mundo; el de los dioses plurales
son singulares.



Exfollāre Obscurĭtas

mayo 24, 2009


[…] In addition, this collection includes thirty-eight letters Kafka wrote to the management of the company, consisting mostly of request for raises, promotions, leaves of absence, vacation, and other employment issues.

The relationship of these occupational writings to Kafka absorbed and imitated the formalities and rhetoric commonly used in bureaucratic agencies in the Austro-Hungarian Empire, and this reflects in turn on the often noted clarity, pseudo-bureaucratic crispness, and matter-of-fact style of his literary writing. It becomes clear that Kafka learned the complex procedures and circumlocutory language expected in official channels of the bureaucratic network. Kafka effectively uses his experience as a minor bureaucrat in his detailed descriptions of the convoluted procedures and legal manoeuvrings in the novel Der Proceβ (The Trial) and of the impenetrable apparatus and innumerable files of the castle officials in Das Schloβ (The Castle). His occupational writings also reveal Kafka’s sense of social engagement, his interest in the correction of societal problems and the institutionalization of legal protections that affected the lives of the industrial workforce in his native Bohemia.

A Franz Kafka, Encyclopedia.

Richard T. Gray, Ruth V. Gross, Rolf J. Goebel, and Clayton Koelb



La sombra que proyectamos en las noches no es otra cosa que la constatación mística; la afirmación metafísica ontológica de nuestro empezar desnudos y del error de las ropas. Una afirmación que niega irónicamente, que sea de provecho la invención de las luces nocturnas. La sombra que proyectamos bajo el escarnio del sol; bajo las otras sombras de ramas y hojas de árbol son, en cambio, la constatación física de que la física en si, funciona y de lo infructuoso de averiguarlo. Una afirmación igual de irónica por su absurdo negar rotundamente que la erudición no le funcione a la poesía y que las luces nocturnas no tienen por que encenderse a la mitad del día.



Exfollāre Obscurĭtas


He empezado a odiar a mis sombras por su ropaje;

por sus horas de proyectarse cuando no debieran,

he desconfiado. Aún más me da tristeza el in-motivado

contorno con el que se me aparecen. La nomenclatura

que me recuerdan y la aparente naturalidad de su

deformación.

He temido por su inmensurable poesía:

una despiadada forma de permanecer en libros.

Su constante de-crecimiento y crecimiento y elevación

agobian mi altura física y la someten, la enfrentan

a colosos de Rodas; grises, afilados napoleones,

esperpentos voladores.

La que se produce cuando la espero –la sombra que se

esconde en la desnudez primigenia- siempre se muestra anti-natural,

placida a mis ojos, placentera al olfato, precoz, teniente,

absurda, metafísica. Estoico le abrazo: un abrazo que

entendemos como intercambio; una muestra amable y

meta-cordial.

Y en mi sueño de paredes y pavimentos carente

las sombras, sobre ninguna superficie se proyectan.

frías impresiones que jamás han de poblar el camino

entre piedras que va al mercado, sino hasta la tarde,

cuando más cerca estoy de despertar; de regresar

y de jamás volver.


Provocado por el zumo de un limón

Foto: Raúl G


Esto es un yelmo y no una bacía; sin babera.

mayo 15, 2009





Entendí que sin tiempo no hay movimiento (ocupación de lugares distintos en momentos distintos); no entendí que tampoco puede haber inmovilidad (ocupación de un mismo lugar en momentos distintos)

Borges



Me ha confesado no entenderse con la poesía de Borges. Le he dicho, estupidamente, corrigiendo -No ENTIENDES su poesía. Para entenderla tienes que haber leído a Borges.- Continué la lectura de Joyce en voz baja, después callé. -No me entiendo con su poesía- dijo, poniendo suficiente énfasis en la palabra, demostrando que ni se justificaba, ni se equivocaba. -Además, siempre que leo a Borges es siempre por vez primera. Las relecturas no existen. Siempre que se lee, se hace por vez primera...- También, justo aquí, como yo hice antes, ella enmudeció.
Trataba de entenderse y hacía un gran esfuerzo. Lo sabía yo; lo notaba en su cara: totalmente privada de cualquier gesto (sin arrugas, líneas, hoyuelos, pómulos sobresalientes, dientes, labios entre-mordidos) que sirviese a deducir un estado emocional: Una cara hierática, inmarcesible, maniqueista.
La textura, y las ondas de arena del desierto invitan a la poesía: una traducción del paisaje al idioma de las comparaciones sensibleras exageradas. [Stevens, por ejemplo, situó la isla del tesoro en una cartografía infantil (Alfonso Reyes: Visión de Anáhuac)]
Ella había aprendido a hacer lo contrario al desierto cuando leía poesía. Cosa que yo amaba sobremanera en ella. -Con una lectura deberíamos lograr entender lo que el mismo autor quiere que recordemos, por qué ese es el fin, creo yo: entender para después recordar. Nunca para aprender o memorizar. Nada de Borges nos puede servir en la cotidianidad. Todo en Borges es obsoleto en lo cotidiano. Su poesía esta construida sobre el vehiculo que fue, para él mismo, un idioma arbitrario. Toda palabra es una metáfora muerta.- Dijo ella, mientras tallaba el talón contra el alfombrado. Le recordé de Borges, otra cita: -Cada palabra es una obra poética.- Le explique también que de un tiempo para acá se me dificultaba escribir poesía (si es que acaso, alguna vez, logre escribir poemas) -La poesía se entiende por eso: sus poemas. Del poeta muchas veces no se entiende nada y se recuerdan infinidad de cosas.- Dije yo, sin pensar antes lo que ya terminaba de decir. También, justo aquí, como yo acababa de hacer, ella habló.
Cuando la discusión arremedaba al bastón y asemejaba también los brazos extendidos con los que un ciego pretende tentar al despejado, le dije: -La poesía de Borges es como esa expresión facial que pones cuando te sumerges y te pones terca, y procuras no gritar, y juegas a guerra de citas: tuerces los ojos cuando volteo. Te quitas el zapato izquierdo y tallas el talón en la alfombra. Buscas almohadas cómodas para recargarte en ellas por que te pones tensa, cuando procuras no parecer tensa, cuando te estiras y bostezas, cuando, sin darte cuenta, tomas más cerveza de la cuenta y al final me dejas a mí la cuenta. Cuando haces lo posible por ocultar tu impulso de besarme justo cuando termino de hablar. Cuando sacas tus manos una y otra vez del bolsillo con los dedos llenos de pelusilla azul; de mezclilla recién lavada. Cuando buscas lo que no cargas; lo que no echaste al bolso en la mañana. Cuando para empezar el ritual sacas el yesquero por que te parece una sin-razón el cigarrillo apagado.
Incluso me atrevería a asegurar que una parte que recuerdas, (y no aprendes de Borges) se manifiesta en la atención que le pones a los ojos de las tres dependientas de la nevaría, que ven como atrapadas en ensueño a las niñas embadurnadas de uniforme: tan jóvenes, tan ignorantes del amor... y las dependientas con tantas ganas de volverse un poco más brutas; más burras, al filo del peldaño; sentadas, con las aspiraciones de cabeza: el ignorar lo ya aprendido y lo ya, tan invalorable.
Recordaste a Borges y lo sé por tu cara tan contraria al desierto, y sin embargo: ni florida, ni salvaje, ni fecunda, ni agreste, ni explorada, ni abundante, que pusiste cuando te diste cuenta que nunca habías presenciado la venta de un coche y te quedaste un día entero y la mitad de su tarde frente a una concesionaria y no paso nada.
La vez que notaste que algunas expresiones no son de uso común para todos los mortales y que ni tú, ni yo sabíamos que hacer con la integral de matemáticas.

--Un cigarro no tiene razón de ser mientras este apagado: ni ayuda, ni mata, ni fortalece, ni sabe, ni huele, ni avienta humo.-- Dijiste, mientras sacabas la cajita de "Clásicos de lujo: cerillos" de tu bolso.


La poesía es eso en ti que amo, lo que eso mismo produce…
--Los gestos que le recuerdas al desierto y que te recuerdas siempre al revés.--